(Desde Washington, Estados Unidos) Donald Trump se prepara para dar un paso decisivo frente a Irán en el estratégico Estrecho de Ormuz, en caso de que fracasen las gestiones diplomáticas que Estados Unidos impulsa a través de Pakistán. La posibilidad de una intervención militar aparece como el escenario inmediato si no prospera la negociación en curso.

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En la Casa Blanca reconocen que se trata de una operación de alta complejidad. El sistema defensivo iraní, diseñado por la Guardia Revolucionaria Iraní, combina minas submarinas, lanchas de ataque rápido, misiles y capacidades de vigilancia apoyadas en tecnología satelital con respaldo de Rusia y China. Aun así, la administración republicana considera clave garantizar la apertura del estrecho para evitar un impacto directo sobre la economía estadounidense.

El objetivo no se limita a restablecer la circulación marítima. Trump también deslizó la posibilidad de imponer un peaje a los buques petroleros que atraviesen Ormuz rumbo a mercados como Europa, China, Japón y Corea del Sur, en un intento por capitalizar el control de esa vía estratégica.

El estrecho es considerado por Teherán como un punto neurálgico en el tablero regional. Por allí circula cerca del 20% del petróleo que sale de Medio Oriente hacia Occidente, y su eventual bloqueo ya genera efectos en los precios de combustibles y fertilizantes.

Plan de Accion

Irán transformó al estrecho de Ormuz en un sistema de defensa naval con tropas de la Guardia Revolucionaria, lanchas ultra rápidas y satélites controlados por China y Rusia

Para sostener su posición, Irán consolidó un sistema defensivo apoyado en cinco islas clave: Abu Musa, Tunb Mayor, Tunb Menor, Larak y Qeshm. Estas posiciones conforman un arco de control que se complementa con la colocación de minas en el lecho marino.

En Abu Musa, Irán desplegó sistemas de misiles defensivos y fortificaciones subterráneas. Más hacia el oeste, las islas Tunb Mayor y Tunb Menor funcionan como puntos de cierre del corredor marítimo, con presencia de defensa antiaérea, drones y misiles balísticos.

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La isla de Larak, por su parte, alberga un arsenal misilístico, sistemas de interferencia electrónica de origen ruso y unidades de infantería naval. Desde allí, Teherán ejerce un control efectivo sobre el tránsito marítimo, obligando a los buques a desplazarse por un corredor estrecho entre Larak y Qeshm.

Qeshm es el núcleo del dispositivo defensivo: cuenta con túneles, búnkeres y silos para misiles balísticos, además de albergar unidades navales equipadas con lanchas rápidas armadas con torpedos y lanzacohetes.

El ultimátum fijado por Washington vence mañana a las 20 (hora local). Si para entonces Irán no accede a liberar el paso, limitar su programa nuclear, frenar el desarrollo de misiles y cortar el financiamiento a grupos aliados como Hezbollah y los hutíes, Trump estaría dispuesto a ordenar una ofensiva de gran escala.

Plan de Accion

La defensa iraní sobre el estrecho de Ormuz se articula con la coordinación militar de cinco islas que están protegidas por misiles, torpedos y tropas de la Guardia Revolucionaria

“El país podría ser destruido en una sola noche”, advirtió el exmandatario, elevando la tensión a niveles críticos.

Desde Teherán, la respuesta fue igualmente contundente: anticiparon que reaccionarán sin restricciones ante cualquier ataque.

Mientras tanto, pese a la escalada retórica, los canales diplomáticos siguen activos, aunque el margen de maniobra se reduce con el correr de las horas. El desenlace, con Ormuz en el centro de la escena, parece inminente.